
Cada vez me producen más ternura los ancianos, antes la guardaba para los niños...ellos eran los que me hacían sentir esa parte del corazón que parece reservada a la inocencia, la que revuelve el poso dulce del fondo del alma. Pero poco a poco ha ido ganando enteros dentro de mi una ternura especial por aquellos que al cabo de sus vidas, suelen encontrarse solos, tristes e incluso mal humorados ; para ellos se suele ser cicatero con el tiempo, puede que endurecidos por la vida no nos muestren su mejor cara y resulten exigentes en sus demandas... eso se les perdona muy difícilmente, falta la comprensión para ellos...esa solo se reserva para los niños.
¡Los viejos! ellos conservan intacto su amor, aquel que pusieron en nuestra crianza y educación, el que vimos que se profesaron nuestros padres y que fue nuestro espejo para la vida, cuando medimos la fuerza de nuestras alas y volamos para formar nuestro propio nido.
Hoy quiero relatar la historia de un anciano que nos da una lección de AMOR hasta el fin...
Un anciano caballero que caminaba por la calle de una gran ciudad, fue atropellado por la bicicleta de un niño que circulaba por la acera; como el anciano sufrió algunas heridas , quisieron llevarle a una cercana clínica para que le curaran . El hombre se negaba alegando que tenía que ir a desayunar con su esposa, pues ella estaba en una residencia muy cerca de allí... los que le habían ayudado le dijeron:
-De manera que ella se enfadará si llega tarde ¿eh?...
A lo que el hombre respondió:
-No ella no se entera de la hora a que voy... creo que ella hace tiempo no sabe ni quien soy...es que ella ¿saben? tiene Alzheimer...
Al escuchar sus palabras , los otros arreciaron en las intenciones de llevarle a la clínica .
- ¡Vamos hombre que le curan en un momento, después de todo usted mismo dice que ella no se va a enterar de su retraso!...
El anciano los miró con una sonrisa triste y soltándose de ellos añadió :
- No, ella no se dará cuenta pero ¡ yo si !...
¡A eso le llamo yo AMOR sin limites!